Eduardo Arroyo, pintor figurativo de primera fila, cuyas obras se exponen en los museos más importantes, nos dejó en Sevilla una obra suya. Si bien el mismo Arroyo se consideraba pintor, se trata de una escultura, El Deshollinador de la Cartuja. Esta disciplina, la escultura, sería practicada a lo largo de su carrera junto con la pintura.
Pero, ¿cómo llega a Sevilla una escultura de este importante artista?
Hemos podido conocer, de la mano del propio Arroyo, su biografía a través del documental «Arroyo, exposición individual» producido por el Círculo de Bellas Artes.
Hoy recorreremos la vida y la obra de Eduardo Arroyo y su relación con la ciudad de Sevilla.
¿Quién es Eduardo Arroyo?
Arroyo nació en Madrid en plena guerra civil, el 26 de febrero de 1937 en una familia de clase media. Su infancia estaría marcada por la muerte de su padre que se produce cuando él tenía 6 años. Desde entonces su madre, que tenía fuertes convicciones religiosas, lo crio de una forma muy austera de puertas para adentro aunque su educación se llevara a cabo en el Liceo Frances, un colegio internacional de corte progresista y laico.
Durante sus tiempos en el liceo fue un mal estudiante y tuvo comportamientos que lo llevaron a ser expulsado a los 14 años. No obstante quedaría marcado por algunos profesores que descubrirían su talento como dibujante y que lo acompañarían a descubrir el museo del Prado. Este hecho sería clave para su desarrollo como artista en el futuro.
Tras su paso por el Liceo Francés acude a una escuela de Periodismo. Esta escuela, a pesar de que no formaba parte de ninguna enseñanza oficial, es la que convierte a Arroyo en periodista. En ella (que estaba dirigida por el mismísimo Director General de Prensa del régimen) las clases estaban a cargo de periodistas que estaban en activo y que escribían en los distintos periódicos de la época. Arroyo realizó muchas prácticas en ellos, no solo escribiendo sino aportando ilustraciones. En una escuela con estas características recibió formación en Periodismo totalmente inmerso en la ideología franquista. Toda su producción estaba a expensas de la censura.
Durante los tiempos de la escuela de Periodismo, Eduardo Arroyo no tenía conciencia (como él mismo diría) del drama español aunque sí tenía sentimientos en contra de la España del momento. Querer irse de España era un deseo generalizado en el círculo de Eduardo y en él mismo.
La etapa parisina
Finalmente en 1958 se marcha a París sin un plan fijo. Por petición de su madre se inscribe en una escuela de periodismo pero tras el primer año la abandonó.
Al llegar a París, gracias a algunas cartas de recomendación, se gana la vida haciendo ilustraciones para distintos periódicos. Aunque sin casa fija podía vivir de sus dibujos. Aun así no perdía de vista su objetivo de ser escritor y escribía cuentos que presentaba a concursos. Algunos llegaban a publicarse.
Llegó el momento en que se instala en el barrio de Montparnasse y allí empezó a frecuentar cafés y a formar parte de tertulias donde, por una parte, conocería a pintores y, por otra, entraría en contacto con personas exiliadas de la España franquista. Es bajo esta influencia cuando empieza a tomar conciencia de las consecuencias de la dictadura en España a la vez que eso mismo le permite tomar conciencia de su propia libertad.
Es en estos momentos cuando empieza a forjarse el pintor. Pronto viviría de esta disciplina artística en la que se instala durante toda su vida. Aunque Arroyo centraría su actividad en pintar no solo no dejó de escribir sino que a lo largo de su vida se dedica a la escultura (como ejemplo, El Deshollinador de la Cartuja) y a la escenografía de teatro.
En el mundillo de los pintores en el París de la época no había gestores ni crítico sino que fueron los mismos pintores los que gestionaban las exposiciones a través de los 17 salones que ponía el estado a disposición de los artistas. El más importante era el de Picasso, el salón de Mayo. El de Eduardo Arroyo fue el salón de la Joven Pintura donde hacía exposiciones junto con otros pintores. No solo exponía en el Salón de la Joven Pintura, sino que lo invitaron muchas veces a otros salones.
La gestión del arte durante estos años era totalmente independiente organizados entorno a los salones de París. Al llegar la República en 1968 el gobierno tomaría el control en la gestión del arte.
La Figuración Narrativa
Arroyo llega a París en 1958. Llega a un París donde pictóricamente reinaba la abstracción pero, aunque de forma minoritaria, se había establecido, en oposición a la abstracción, la Nueva Figuración. La Nueva Figuración perdurará durante la segunda mitad el siglo XX. En 1964 empieza a hablarse de la Figuración Narrativa, una evolución de la Nueva Figuración a la que Arroyo se verá adscrito. Fue este año cuando se realiza una muestra de cuadros de varios pintores (también Arroyo) a la que llamaron Mitologías Diarias y que fue la presentación en sociedad de este nuevo estilo.
La Figuración Narrativa en la que entra de lleno Arroyo tratará temas sociales y políticos, con tendencias expresionistas, figuras deformes y composiciones desordenadas. Todo ello creando figuras planas, usando pinceladas grandes, coloristas y, en ocasiones, usando de la técnica del collage.
La obra de Eduardo Arroyo en París
Los cuadros de los primeros años en París tratan temas españoles en tono sarcástico y crítico. Toreros, flamencos y boxeadores son temas recurrentes. Otras obras constituyen fuertes críticas políticas, en concreto hacia las dictaduras. Un ejemplo sería Los cuatro dictadores que se expondría por primera vez en 1963 en la Bienal de los jóvenes de París. Actualmente podemos verlo en el Centro de Arte Reina Sofía. También allí habitan otros cuadros de Arroyo de la época parisina como son Robinson Crusoe (1965), Vivir o deja morir o el fin trágico de Marcel Duchamp (1965) o Caballero español (1970).

Si en 1960 se producía su primera exposición individual en 1963 se inauguraba la primera exposición en Madrid en la galería Biosca. Fue clausurada por la censura a los pocos días.
Eduardo Arroyo, exiliado
Durante su estancia voluntaria en París realizó varios viajes, algunos a España. En 1974 viaja a Valencia para organizar la Bienal de Valencia. Es aquí donde es detenido por la policía y encarcelado. En esos momentos no militaba en ningún partido político así que debía considerase que era solo un artista agitador. Sufrió unas consecuencias desproporcionadas: tras pasar por la cárcel, se le retira el pasaporte y se le envía a Francia sin billete de vuelta. No sería hasta la muerte de Franco en el 76 cuando volvería a España.
Arroyo vuelve a España
A su vuelta a España Arroyo vive una reconciliación con su entorno político y deja de ser tan combativo de modo que la temática de sus obras dejará los temas políticos.
En los años 80 Eduardo Arroyo ya es un artista consagrado. Signo de ello es que en 1982 el Centro Pompidou de París organiza una muestra retrospectiva sobre él, y además el mismo año recibe en España el Premio Nacional de Artes Plásticas.
Obras producidas tras recuperar el pasaporte español fueron Dichosos quien como Ulises (1977), Madrid París Madrid (1984) y Carmen Amaya friendo huevos (1988).
Sevilla y Arroyo. La Expo de 1992
La historia de Arroyo y Sevilla se remonta al 18 de febrero de 1992, día fatídico para la Expo`92. Un incendio devastador no deja en pie más que la estructura exterior del Pabellón de los Descubrimientos que quedó marcada por las huellas del fuego. Tras este desastre que sucedió a apenas dos meses de la inauguración de la muestra universal Arroyo presentó la solución. Ante la falta de tiempo y recursos para rehacer el edificio la autoridad competente recurre a Arroyo. Éste diseñó un gran collage sobre la fachada situando por toda la superficie siluetas negras de enormes deshollinadores, escaleras de colores y cristales rotos.
Durante los seis meses que duró la Expo los visitantes pudimos admirar esta creación considerada una gran escultura y que fue el resultado de una enorme estructura calcinada con los elementos antes comentados totalmente integrados en un solo conjunto.
¿Por qué deshollinadores?
A partir de 1980 los deshollinadores han sido un tema recurrente en la producción artística de Arroyo. En el año 1992 cuando realiza su intervención en el Pabellón de los Descubrimientos ya había creado montones de ellos.
El 1994, en el catálogo de su exposición Chimeneas y Deshollinadores él mismo nos da sus motivos:
«Cuando en 1980 el taxista que me llevaba al aeropuerto de Zürich atropelló a un deshollinador distraído, yo no podía imaginar que esa figura derribada, cubierta de hollín y tocada de chistera me acompañaría años y años, representando el papel, a veces festivo y otras inquietante, de promemoria o agenda de recuerdos.
Desde la altura, este deshollinador, armado de escoba de palo alto y de rascadores, se encontrará en un lugar privilegiado para fisgonear a gusto a los que desde abajo les escrutan. Ya se sabe que el deshollinador, además de introducirse por la chimenea y limpiarla de hollín, es como el pintor un formidable fisgón, es uno que fisgonea con interés, que mira lo que hay en su sitio y que no se pierde una.
En Alemania y en Suiza las novias aún no mancilladas se arriman el día de la boda a los deshollinadores para que manchen seriamente sus tules antes de que el marido las vapulee, porque de ese restregón depende su felicidad.»Fuente: Revista Minerva
¿Pero qué destino aguardaba a esta gran escultura tras la Expo?
Recordemos que el Pabellón de los Descubrimientos se concibió como uno de los pabellones permanentes que quedaría en la Cartuja tras la muestra universal como en caso del de la Navegación o el del Futuro. Es algunos años después de que se clausure la Expo cuando se determina que el edificio es una ruina técnica y que su destino es solo el derribo. Recordemos también que en el momento en que se decide el derribo el edificio éste se hallaba cubierto de figuras creadas por un artista de primera fila.
¿Qué fue de las figuras creadas por Arroyo para solucionar el desastre del incendio?
En 2005 fue cuando se decreta el derribo de lo que en la prensa de ese año llamaban la obra efímera de Arroyo. No hemos podido saber en qué términos se acuerda la intervención de Arroyo, si se acordó o no el carácter efímero. Cuando en el 92 se tapizan las fachadas con deshollinadores y escaleras no se había llegado a la conclusión de que el destino del Pabellón de los Descubrimientos sería el derribo (se años llegó años después).
Lo que sí parece que ocurrió en 2005 tras conocerse el inminente derribo es que Arroyo mostró su disconformidad ante la idea de hacer desaparecer su obra. Parece ser que con la idea de limar asperezas con el autor se le propone crear una réplica de la figura más grande de la gran escultura, un gran deshollinador. Sería llamado El deshollinador de la Cartuja.
El Deshollinador de la Cartuja

El Deshollinador de la Cartuja es una escultura de 3.7 metros de altura construida en acero. Desde que Arroyo nos dejase esta escultura fue situada en los jardines del Edificio Expo´92 (World Trade Centre en tiempos de la Expo), en la esquina de las calles Inca Garcilaso y Francisco Montesinos. Es allí mismo donde hoy podemos admirarla.